Leo que dos reconocidas universidades de Estados Unidos, Duke y New York University (NYU), empujadas por los efectos del brote de coronavirus Covidien-19 en China, que ya ha llegado también a su país, han decidido que los estudiantes de los Campus que estas universidades tienen en Kunshan y Shanghai, respectivamente, no vayan a clase, transformando las materias presenciales hasta ahora, en materias en línea. Tal como señala la fuente de la noticia, Lindsay McKenzie en la revista Inside HigherEd, la decisión no ha sido fácil, y se ha tenido que tomar a toda prisa, con las dificultades que ello supone. Tal como declaró un responsable de la NYU: “la magnitud de la crisis nos ha empujado a actuar de manera conjunta”.

Siempre a causa de una crisis. La historia de la educación a distancia, antes, y la de la educación en línea hoy en día, siempre nos demuestra que ha progresado a golpes de situaciones críticas. Por mucho que los expertos en la materia escriban, expliquen, asesoren y recomienden desarrollar modelos de educación en línea basándose en los beneficios sociales, individuales, de aprendizaje y de preparación para una sociedad digitalizada, las grandes decisiones que han hecho adelantar la implantación de la educación en línea siempre han tenido sus orígenes en situaciones límite. La ley del último recurso.

Así sucedió en la Johns Hopkins University, en Baltimore, donde se desarrollaron los primeros y mejores materiales multimedia para la formación forense. Esta universidad del estado de Maryland sufrió una fuerte escasez de cadáveres para las prácticas en su facultad de Medicina. La solución fue invertir una fuerte inyección económica al desarrollo de una aplicación multimedia que permitiera la realización simulada de autopsias por parte de los estudiantes de los últimos años de la carrera. No sólo fue un éxito, sino que las mejoras introducidas posteriormente lo han convertido en uno de los mejores materiales de aprendizaje en entornos digitales.

En la ciudad de Vancouver, en Canadá, las aglomeraciones de tráfico son una constante. La preciosa Universidad de British Columbia (UBC) está situada en un istmo. Los paisajes son idílicos, pero el hecho de que la entrada en la universidad se lleve a cabo por una única calle, que es la que da acceso al istmo, generaba un efecto dominó letal para la ciudad. A primera hora de la mañana, cuando todos los estudiantes se dirigían a la universidad con diferentes medios de transporte, la ciudad entera quedaba bloqueada. La solución fue escalonar la entrada de los estudiantes en la universidad, y la manera de hacerlo fue transformando asignaturas que se daban a primera hora en asignaturas en línea. De este modo se reducía drásticamente el embudo que la universidad suponía por las mañanas. La UBC ha sido una de las universidades pioneras y reconocidas en la oferta de educación híbrida y en línea durante muchos años.

Vista aérea ciudad
Fuente: Thomas Habr – Unsplash

La misma noticia nos informa que la transición se ha hecho con más rapidez de la que estas instituciones podían prever y que la valoración que han recibido de los estudiantes es satisfactoria. Añaden también que los docentes se han sentido cómodos, pese a destacar que el 88% de su profesorado no había tenido experiencias previas relevantes en el ejercicio de la docencia en línea.

Más adelante, es probable que oigamos decir que los resultados obtenidos no han sido del todo los esperados o, sobre todo, que no han sido del mismo nivel que se podía esperar si se hubieran hecho las clases presencialmente, como estaba previsto inicialmente. Lo que sorprenderá, cuando se hagan estas valoraciones, es que nadie se acordará de este 88% de profesorado que no tenía ni experiencia ni, sobre todo, formación en la metodología docente en línea. Darán la culpa de estos hipotéticos resultados no tan buenos a la modalidad utilizada, como si la modalidad en sí misma fuese la culpable de que nadie se ha preocupado de llevarla a la práctica de la mejor manera posible.

Es obvio que no todo se resuelve gracias a la educación en línea. Sólo faltaría que, encima, tuviera esa responsabilidad. Y no toda la autodenominada educación en línea es lo mismo ni tiene el mismo valor. Hay varios modelos de educación en línea, algunos mucho más rigurosos que otros. Como ocurre en la educación presencial, claro.

¿Cuándo veremos la educación en línea desde una verdadera perspectiva proactiva que nos permita hacer progresar nuestros sistemas educativos y no solo como mecanismos reactivos de enfrentarse a la realidad?